EL CHUPACABRAS

Publicado: mayo 17, 2012 en CRIATURAS, LEYENDAS URBANAS

 

El chupacabras no figura todavía en ningún diccionario; pero ya se codea con el monstruo del lago Ness, el Bigfoot y el Yeti. Debutó en Orocovis, en pleno corazón de Puerto Rico, en marzo de 1995. Sus primeras víctimas fueron ocho ovejas, una vaca y un toro. Y, aunque la Policía y las autoridades concluyeron que las bajas en la cabaña local habían sido causadas por perros realengos, ya que así lo demostraban las mordeduras que presentaba el ganado en cuello y patas [Matos, 1995], hubo lugareños que las atribuyeron a seres extraterrestres.

Los reporteros de lo paranormal relacionan todavía hoy el episodio de Orocovis con el monstruo que en agosto del mismo año volvió a las andadas en la localidad portorriqueña de Canovanas, donde murieron 150 animales de granja. Una matanza cuyas peculiaridades y dimensiones traspasaron pronto los límites de la pequeña isla caribeña. No era para menos. Los cuerpos estaban, según sus propietarios, totalmente secos: no tenían ni una gota de sangre. Aparentemente, se había escapado por unos pequeños orificios practicados, a juicio de los campesinos, por un animal desconocido de comportamiento vampírico. Un ser esquivo que eludió el ojo humano hasta septiembre de 1995, cuando los lugareños lo bautizaron como chupacabras, vista su predilección por estos mamíferos, y empezaron a dar las primeras descripciones del predador que supuestamente diezmaba sus rebaños.

¿Cuál es la apariencia del chupacabras? A pesar de lo mucho que se ha escrito, de decenas de artículos en revistas esotéricas y miles de referencias en Internet, no existe un consenso sobre la fisonomía del monstruo: ha sido descrito como un ser de alrededor de un metro de altura, bípedo, “con la piel como de un dinosaurio”, los ojos “del tamaño de huevos de gallina” y crestas espinosas en el cráneo y la espalda; como un monstruo “de apariencia extraterrestre” -ignoro qué apariencia tienen los extraterrestres, si es que existen- y canguroide, con poderosas patas traseras y que despide un “fuerte olor sulfuroso”; como una criatura con “cráneo de mono”, grandes ojos rojos, boca sin labios, lengua de serpiente, manos palmeadas y terminadas en tres garras curvas, y con espinas dorsales iridiscentes; como un “murciélago gigante, peludo y de ojos muy brillantes”; como un humanoide de 60 centímetros de altura, sin un solo pelo en el cuerpo y de tacto gelatinoso. En fin, que, si hay algo claro, es que es un monstruo.

Pero la fisonomía del supuesto predadorera algo secundario, y así lo entendió el alcaldede Canovanas, José Soto Rivera, que organizó varias batidas en busca del animal, infructuosas, aunque en algunas llegaron a participar hasta doscientos cazadores. Todo hay que decirlo: al alcalde los ataques del chupacabras y la histeria latente le fueron de perlas para, a pocos meses de las elecciones locales, desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas del municipio, con varias zonas sin agua desde semanas antes. Al igual que en Orocovis, los científicos achacaron los ataques de Canovanas a perros asilvestrados o animales exóticos, como panteras, introducidos ilegalmente en la isla. Y es que los exámenes de los cuerpos revelaron que las muertes de ganado no seguían un único patrón, sino que se debían a mordeduras, traumatismos, infecciones… Héctor García, director de la división de Veterinaria del

Departamento de Agricultura de Puerto Rico

, consideraba que no había nada extraordinario tras las muertes de los animales de granja [Carroll, fecha desconocida]; pero, una vez más, la realidad quedó relegada por la ficción gracias a Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro ufólogo portorriqueño y desde entonces el principal abanderado del chupacabras, la autoridad mundialsobre el misterioso ser.

Martín fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Sus exóticas teorías -mantiene que los alienígenas visitan Puerto Rico atraídos por el radiotelescopio de Arecibo- incluyen, ¡cómo no!, una conspiración gubernamental, la captura de varios ejemplares de chupacabras y las consiguientes autopsias. Unos exámenes post mortem cuyos resultados serían secretos, pero, curiosamente, conoce Martín, que mantiene que los análisis de la sangre del misterioso animal arrojan unos resultados incompatibles con todo lo conocido. ¡Lástima que nadie más tenga constancia de lo que sostiene el ufólogo!

 

De monstruo a negocio
La entrada en escena de este imaginativo autor marcó un punto de inflexión en la historia del chupacabras: pasó de producto más del pensamiento supersticioso campesino a negocio para fabricantes de misterios, prensa, vendedores de camisetas y llaveros, y organizadores de visitas a los lugares donde la mascota de ET -como la llamaron en Miami- había perpetrado sus más sangrientos ataques. El chupacabras multiplicó su actividad a partir de noviembre de 1995, y sus fechorías ocuparon páginas enteras en los diarios portorriqueños y decenas de horas de radio y televisión. Un camino hacia el estrellato para el que la isla caribeña se quedó pronto pequeña, y así, a principios de 1996, el fenómeno saltó a México, Miami y Costa Rica. Y en agosto de ese año, tras entrar a España por el País Vasco, llegó hasta Yocavén, una pequeña localidad situada a 140 kilómetros al sudoeste de Santiago de Chile.

El alcalde de Canovanas había justificado sus batidas diciendo del chupacabras: “Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente”. Una vez en México, la fama del monstruo se disparó tras cumplirse el vaticinio de Soto Rivera. Teodora Ayala Reyes aseguró haber sido víctima de la criatura en el estado de Sinaloa y mostró a todo el país a través de la televisión unas marcas en la piel que parecían, más que mordiscos de un misterioso ser, desgarrones de la piel o quemaduras. Como otros campesinos de la región, la mujer creía que, tras las muertes de ganado que habían comenzado a registrarse, se ocultaba el chupacabras. Y la histeria se adueñó de México hasta tal punto que algunos autores han comparado las escenas vividas en el país con las de las masas enfervorecidas en busca del monstruo de películas como Frankenstein y Drácula. A pesar de que también en México el Departamento de Agricultura achacó los ataques a coyotes o felinos, la psicosis llegó a límites preocupantes y la Universidad Autónoma Metropolitana reunió a veterinarios, biólogos y antropólogos para que estudiaran el asunto. Los científicos, en un extenso informe de 113 páginas, quitaron todo el misterio a los ataques a ganado, al recordar que en las zonas rurales afectadas había muchos perros abandonados.

Tipos de apariencias descritas

Así, se dice que el chupacabras aparece prominentemente en las siguientes formas específicas:

  • Reptiliana:

Es la descrita más comúnmente, presentaría piel gris-verdoso, escamosa y con espinas dorsales o canillas agudas que corren hacia abajo de su parte posterior. Aproximadamente de 0,9 a 1,2 m de altura, y saltaría de manera similar a un canguro.

Esta variedad se dice que tiene una nariz y cara similar a un perro o pantera, y una lengüeta bifurcada que sobresale de ella, largos colmillos, y se dice que silba cuando está alarmado, deja un rastro sulfúrico.

  • Mamífera: la segunda variedad también se pararía y saltaría como canguro, y tendría la piel gruesa con un pelo facial grisáceo. La cabeza sería similar a un perro, y su boca presentaría dientes grandes. Incluso varios testigos aseguran haberlos visto saltar más de 50 metros y en línea recta, sorprendentemente sin el uso de alas u otro medio de sustento aerodinámico.

  • Murciélago: los testigos claman que algunos chupacabras estarían cubiertos de pelo negro, presentarían ojos rojos, una cabeza ovalada y alas tipo murciélago. Algunas veces se arrastrarían en cuatro patas, y otras veces se pararían erguidos (como perros de la pradera). Serían muy rápidos, puede escalar, y se caracterizarían por correr lejos cuando son vistos.

  • Canina: se presentaría como una raza extraña de perro salvaje sin pelo, tiene un canto espinal pronunciado, cuenca ocular inusualmente pronunciada, dientes y garras de un canino típico según lo describe Fernando Maldonado. Maldonado dice que este animal es el resultado del cruce entre varias especies de perros salvajes, aunque los entusiastas claman que puede ser que ser de un reptil extinto similar a un perro. Un caso durante 2000 en Nicaragua de un supuesto cadáver de chupacabras que fue encontrado apoya la conclusión que es simplemente una extraña casta de perro salvaje. El alegado cadáver del animal fue encontrado en Tolapa, Nicaragua, y se hizo un análisis forense en UNAN-León. Patólogos en la Universidad encontraron que tan sólo era un perro; no obstante era un ejemplar inusual. Debe ser notado, que existen diferencias morfológicas muy llamativas entre las diversas castas de los perros (de las cuales los perros salvajes han descendido) que explican fácilmente las extrañas características de tales animales.

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