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En un principio no había nada, y entonces el dios Ometecuhtli creó a Tonacatecuhtli (Señor de nuestra carne) y a Tonacacihuatl (Señora de nuestra carne) para que poblaran el universo.

La leyenda de los 5 soles

Estos dos dioses tuvieron cuatro hijos: el primero nació rojo y sin piel que cubriera su cuerpo y lo llamaron Xipe Totec (nuestro Señor desollado). El segundo nació negro, con garras y colmillos de jaguar y lo llamaronTezcatlipoca (Espejo negro que humea), el tercero nació blanco con cabello rubio y ojos azules y lo llamaronQuetzalcoatl (Serpiente emplumada) y el cuarto nació azul, con la mitad de su cuerpo descarnada, y lo llamaronHuitzilopochtli (Colibrí zurdo).

Al paso del tiempo los cuatro hermanos se reunieron para saber qué es lo que harían, y después de mucho deliberar acordaron crear una obra que los venerase y dignificase como dioses. Huitizilopochtli con su gran poder hizo una gran hoguera al rededor de la cual se sentaron para hacer su obra.


Crearon al hombre y lo pusieron en la tierra y lo llamaron Huehuecoyotl, y crearon a su mujer y a los dos los llamaron Macehualtin y les ordenaron tener hijos que les rindieran honores como dioses. Crearon los mares, los lagos y las montañas y pusieron en ellas animales para que el hombre los cazara y se alimentara e su carne. Al final, su obra estaba completa pero había tinieblas en el Tlaltipac, nunca era día puesto que no había sol.

Primer Sol (Tierra)

Quetzalcoatl tomó la hoguera y la convirtió en un inservible medio sol. Enojado, Tezcatlipoca absorbe par si ese medio sol y el mismo se convierte en un sol completo, siendo muy cálido e inclemente, impidiendo que la vida crezca en la tierra, ya que marchitaba inmediatamente cualquier sembradío. Los gigantes que habitaban en esta época llamados Tzocuiliceque alimentábanse de chicote malimalli (siete hierba), que son los piñones de las piñas.

La maldad del sol Tezcatlipoca duró hasta que fue derribado de un bastonazo por el indignado Quetzalcoatl un día de nahui-ocelot. Tezcatlipoca cayó en el fondo de un lago y emergió convertido en un jaguar, el cual seguido de todo un ejército de éstos devoró a los gigantes.

Este sol fue llamado Tlaltipac-Tonatiu o Sol de Tierra, desapareció en un alo ce-acatl (uno caña) y duró 676 xiuhmolpillis (ciclos de 52 años).

Aztecas

Segundo Sol (Viento)

Una vez que hubo derribado a su hermano, quetzalcoatl se corporeizó sol, pero siendo más benévolo con la vida, permitiendo que las cosechas se dieran en abundancia y que los hombres fueran felices gracias a su dios. Los hombres de esta época alimentabanse de frutas silvestres llamadas acontzintli.

Todo era idílico hasta que un día nahui-ehecatl el Jaguar-Tezcatlipoca subió a los cielos y derribó a su hermano de un zarpazo. En su caida, Quetzalcoatl provocó un gigantesco y monstruoso vendaval que desagarraba los cerros y destruida todo a su paso. Los hombres tenían que caminar encorvados, aferrándose a lo que podían y por esta razón se convirtieron en monos. Sólo sobrevivió un pareja, refugiándose en un gran bosque cercano. Este sol duró 376 xiuhmolpillis, desapareció en un año ce-tecpatl y fue llamado Ehecatl-Tonatiuh o Sol de Viento.


Tercer Sol (Fuego)

Ahora fue el turno de Tlaloc de hacerse sol y tomar el lugar de Quetzalcoatl. Los descendientes de la pareja de sobrevivientes poblaban al Tlaltipac, y alimentabanse de atzinzintlio o maíz de agua. Pero la gente de esta era se corrompió desatendían los preceptos morales que los dioses les habían impuesto y se dedicaban a los placeres malsanos, al robo y al homicidio. La tierra en poco tiempo no fue sino solo un vasto páramo yermo en poco tiempo

tezcatlipoca

Harto de tanta podredumbre, Quetzalcoatl le ordena a Xiutecutli, dios de fuego, que destruya a la humanidad. Este dios emergió de un gigantesco volcán en un día nahui-quahuitl y comenzó a llover fuego del cielo. Los hombres atemorizados le rogaron a los dioses que los convirtieran en aves para poder escapar del holocausto. Conmovidos, los dioses convirtieron a unos en pájaros y a otros en guajolotes. Por consejo de Xiutecutli, sólo sobrevivió una pareja refugiándose en una cueva muy alta, llevando con ellos una mata de maíz y el fuego sagrado. Este sol desapareció en un año ce-tecpatl, duró 78 xiuhmolpillis y fue llamado Xiuh-Tonatiuh.

Cuarto Sol (Agua)

Por ordenes de Huitzilopochtli, Chalchuiuhcueye, la de las faldas de esmeralda, se corporeizó sol. Los hombres poblaron nuevamente la tierra, pero esta vez bajo la tutela de Nene y Tata, los sobrevivientes de la pasada destrucción. Los hombres siguieron la conducta que les dictaron los dioses, alimentabanse los hombres de esta era de Nahui-xochitl (cuatro-flor).

quinto sol

Tezcatlipoca no esta complacido con toda esta bonanza y corrompe a Chalchiutlicue, la de las faldas de jade, y la obliga a destruir por cuarta ocasión a la humanidad. La diosa aparece en la cima del cerro llamado Atepetl en un día nahui-atl, y al momento de encajar su cayado en la tierra, comienza a llover a llover a cántaros. Por todo un ciclo llovió en el Tlaltipac. Conmovidos por la desgracia humana, los dioses convirtieron a los hombres en peces. Este sol desapareció en un año ce-calli y duró 77 xiuhmolpillis fue llamado. Este sol fue llamado Atl-Tonatiuh o Sol de Agua. Llovió tanto, que al final los cielos perdieron su equilibrio y se desplomaron sobre el Tlaltipac.

Reparación del daño

Avergonzados por su conducta, los dioses deciden reparar su error y en un año ce-tochtli se reúnen en Teotihuacan para decidir lo que han de hacer. Entonces, los cuatro hermanos crearon a cuatro hombres: Atemoc, Itzacoatl, Itzmaliza y Tenoch. Luego entraron en la tierra y emergieron en los cuatro puntos cardinales, cada uno convertido en un árbol diferente.

Juntos dioses, árboles y hombres, levantaron los cielos y los colocaron en la forma en que ahora los conocemos. Pusieron las estrellas en su lugar y escalonaron el Mictlan en los nueve vados correspondientes. Al final, los cuatro hombres se convirtieron en aves preciosas.

Todo quedó ordenado, pero no había hombres sobre la tierra. Así que decidieron crear la
Versión definitiva de la humanidad y a falta de materia prima con que crear al hombre, decidieron bajar al Mictlan para recoger huesos de los antiguos gigantes y con eso crear a los nuevos hombres.

Pero ninguno quería bajar al Mictlan. Tezcatlipoca era el idóneo para reinar en la oscuridad, pero no quiso molestarse en ello. Huitzilopochtli por su parte, consideraba la tarea indigna de un guerrero como él. Xipetotec consideraba que la materia en descomposición no era buena materia prima. Al final Quetzalcoatl se ofreció parala terrible tarea.

Uno por uno fue sorteando los nueve vados del inframundo hasta llegar a la presencia de Mictlantecuhtli. Quetzalcoatl lo convence de darle uno de sus huesos favoritos, que había pertenecido a los antiguos gigantes. El dios de los muertos se condolió del gemelo precioso, y accede a cambio de que Quetzalcoatl haga sonar su caracol y dé cuatro vueltas alrededor de su círculo precioso. Pero Quetzalcoatl se da cuenta que el caracol no tiene agujeros por donde entrar para darle las vueltas. Así que Quetzalcoatl llama a los gusanos para que lo agujeren y a las abejas para que lo hagan sonar. Mictlantecuhtli entrega a Quetzalcoatl los huesos solicitados.

Cuando Quetzalcoatl está a medio camino de regreso con los huesos de los hombres y las mujeres, Mictlantecuhtli se arrepiente y lo persigue, mostrándole sus terribles fauces. En su huida Quetzalcoatl tropieza y cae. Al caer los huesos se desperdigan y unas codornices que estaban por ahí los picotean y los roen. El dios del Viento recoge lo que resta de los huesos y sale huyendo.

Ya de regreso, Qualaztli, la doncella, molió los restos de los huesos y los puso en una vasija muy elegante. Quetzalcoatlhizo una mezcló los huesos con su propia sangre y semen y con esta mezcla sagrada modeló la figura humana, y Xipetotec le infundió la vida. Creando al hombre tal y como lo conocemos. Como sólo utilizaron la mitad del hueso que quedó, los humanos sólo tenemos la mitad de estatura que los antiguos gigantes.

Quinto Sol (Movimiento)

Las tinieblas reinaban aún en el mundo, así que los cuatro hermanos reunieron a los demás dioses en Teotihuacán. Una vez ahí, decidieron hacer un nuevo y definitivo sol, uno que fuera eterno, así que necesitarían de dos de ellos, uno para que fuera sol y otro para que fuera luna. Hubo entonces un voluntario para la primer encomienda, un altivo dios llamado Tecucciztecatl, el del caracol marino.

–Yo seré su sol- dijo orgulloso el guerrero -puesto que soy lo suficientemente poderoso para esta noble tarea-. –Así sea, Tecuccizitecatl, tu serás el sol, ¿pero quién ha de ser luna?- dijo Quetzalcoatl. Los demás dioses se miraron, puesto que nadie quería esa oscura tarea. Al final, todos voltearon a ver a Nanahutzin, el busbosillo, un dios que tenía el cuerpo cubierto de llagas, pero el corazón de oro y como nadie quería tenerlo cerca, todos le obligaron a ser luna.

Dicho esto, los dioses construyeron dos grandes adoratorios, uno junto al otro, el más grande y suntuoso para Tecuciztecatl y el más pequeño y sencillo para Nanahuatzin. Por trece días hicieron penitencia y ayunaron y ofrecieron ofrendas para purificar sus cuerpos.

Tecucicctecatl ofreció en el Tonatiuh-itzacual (pirámide del sol), manquetzalli (plumas finas), pelotas de oro, espinas de coral precioso y copal muy bueno. Este arrogante dios se vistió con sus mejores aderezos, un hermoso lienzo cubría su cuerpo y el aztacomitl (bello plumaje) decoraba su cabeza.

Nanahuitzin en cambio, ofreció en el Meztli-itzacual (pirámide de la luna) cañas verdes atadas de tres en tres hasta formar nueve hatos, bolas de heno, espinas de maguey teñidas con su sangre y sus póstulas. Para esta ocasión vistió un amatzontli (tocado de papel amate) y un maxtli (taparrabo) y estola del mismo material.

Durante un lapso de trece días los dos dioses hicieron penitencia y ayunaron, preparando sus cuerpos y almas para la dura tarea que les esperaba. Al término del plazo los cuatro dioses creadores hicieron una gran hoguera en la calzada de los muertos, cuyas flamas eran tan grandes que alcanzaban el cielo mismo.

-¡Ea pues Tecuccitecatl!, entra en la hoguera para que nazca el nuevo sol ordenó Huitzilopochtli al dios del caracol marino. Tecuciztecatl hizo un intento por arrojarce al fuego, pero las llamas lo intimidaron y retrocedió temeroso. Cuatro fueron los intentos de este dios por arrojarse a las llamas y cuatro veces retrocedió presa del pánico.

-¡Prueba tu ahora Nanahuitzin, y que tu intento fructifique!- dijo Huitzilopochtli el pequeño y enfermo dios. -¡Sea pues su voluntad hermanos mios!- fue lo único que dijo el bulbosillo, porque inmediatamente después se arrojó de cabeza al fuego. Tecuciztecatl, avergonzado de la valerosa acción de ese insignificante dios, se arrojó después de él al fuego. Acto seguido los dioses arrojaron al fuego un águila y un ocelote, en ese orden.

Por trece días esperaron los dioses que el sol saliera por el horizonte pero no sucedió nada. Al amanecer del día catorce, hacia el Este, un águila salió de la hoguera llevando una enorme esfera reluciente en su pico. El resplandor que éste emitía era suficiente para iluminar todo el Tlaltipac y era benéfico su calor.

tonatiu

Los dioses estaban contentos, porque ahora, los hombres que ellos habían creado eran perfectos. Ni muy grandes ni muy pequeños; ni muy fuertes ni muy débiles. Y el sol Tonatiuh (Aguila que emprende el Vuelo) podía iluminar todo el Tlaltipac.

No alcanzaban los dioses a reponerse de su asombro cuando de la hoguera surgió un ocelote llevando entre sus garras otra esfera igual de reluciente que la primera.

Quetzalcoatl pensó que no era conveniente que hubiera dos soles y más cuando Tecuciztecatl había demostrado tal cobardía. Encolerizado, tomó de las orejas un conejo que iba pasando por ahí y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la segunda esfera, la cual al impacto se opacó y redujo su tamaño, y el cuerpo del conejo quedo plasmado para siempre en su rostro.

La leyenda de los 5 soles

Pero el sol y la luna permanecían inmóviles en el firmamento. Quetzalcoatl, ordenó a Ehecatl, dios del viento, darles movimiento, separándolos para que nunca coincidiera el uno con el otro. Pero no fue suficiente para que el sol mantuviera su curso eterno. Tonatiuh exigió que lo alimentaran con chalchiuitl (sangre). Entonces, los dioses deciden ofrecer ellos su sangre.

Fue Ehecatl, dios del viento, el encargado de sacrificar a los dioses. Uno a uno cayeron inertes ante su cuchillo de obsidiana.

Pero Xolotl, dios del movimiento, hermano gemelo de Quetzalcoatl, se negó a morir y huyó. Logra ocultarse entre los maizales y se convierte en pie de maíz que tiene dos cañas, pero es descubierto. Entonces, se esconde en el agaval y se transforma en maguey de dos cuerpos y por eso se le llama mexolotl pero nuevamente es descubierto. Se mete en el agua transformándose en un pez monstruoso axolotl, pero Ehecatl lo atrapa y le da muerte. De ahí en adelante es el patrono de los gemelos, pares y de todas las cosas que se duplican y se transforman para escapar de la muerte.

Cuando todos los dioses hubieron muerto, Tonatiuh, el sol, empezó su interminable camino por el firmamento. Advirtiendo a los pobladores del Tlaltipac que necesitaba sangre para poder vivir. Es por eso que el pueblo mexica heredero directo del poder de Huitzilopochtli realizaría sacrificios humanos al sol para que siempre tuviera la fuerza suficiente para cruzar los cielos y cumplir con la tarea divina de darle vida al Tlaltipac.

Este fue el comienzo del Quinto Sol, el actual. Llamado Ollin-Tonatiuh, Sol del Movimiento.

El nombre de este Sol es na-ollin (4 movimiento). Este ya es de nosotros, de los que hoy vivimos. Esta es su señal, la que aquí está, porque cayó en el fuego el Sol en el horno divino de Teotihuacan. Tonacateuctli y Xiuhteuctli llamaron a Nanahuatzin y le dijeron: “Ahora tú guardarás el cielo y la tierra.”

Se dice que si los pobladores del Tlaltipac no muestran ser merecedores de este mundo, en un día Nahui-Ollin, el quinto sol será destruido para dar paso al sexto sol. La destrucción de esta era será a través del movimiento y hambre ya que Xolotl, dios del movimiento es el encargado de esta era.

 

En el momento de pasar el umbral tuve la extraña sensación de penetrar en el tiempo, en un tiempo que habría sido detenido mil años antes”, exclamó el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier al descubrir la Tumba de Pakal, uno de los hallazgos más notables en la historia de la arqueología precolombina.
A 71 escalones abajo del vestíbulo del Templo de las Inscripciones, el edificio más emblemático de la antigua ciudad maya de Palenque, Ruz Lhuillier localizó, el domingo 15 de junio de 1952, la cripta del gobernante más importante de esa ciudad. Debieron pasar trece siglos para que un ser humano volviera posar su mirada en la tumba del rey Pakal.

La cripta mide 9 metros de largo por 4 de ancho con una bóveda que alcanza los 7 metros. Figuras de personajes, nueve sacerdotes se destacaban en las paredes. Pero impresionantes es el monumental sarcófago con un peso aproximado de 20 toneladas y compuesto por dos secciones. La lápida, hermosamente tallada por su cara superior y los lados, mide 3,80 metros por 2,20 metros y de unos 12 centímetros de alto, pesando unas 5 toneladas. Ella descansaba sobre un bloque monolítico de unos 3 metros de largo por 2,10 de ancho y un espesor de 1,10 metros, cuyos lados también han sido esculpidos. Todo esto estaba sostenido por seis soportes monolíticos, de los cuales 4 están esculpidos y redondeados.

La Lápida en su lados tiene grabado en conjunto con el sarcófago distintos aspectos de la vida de Pacal. Su ascenso al trono el
29 de julio de 615, con doce años y heredado de su madre Zak Kuk, aunque lo siguió tutorando hasta su mayoría de edad. Muriendo en el año 683. En la superficie existe una cenefa con distintos glifos (nombre dado a los símbolos mayas para diferenciarlos de los jeroglíficos egipcios), y una representación en el centro. Y han sido estas representaciones las que han originado, en complicidad con otros elementos los que han provocado un gran numero de especulaciones alrededor de éste personaje.
En 1972, Erich Von Dänkien, en su libro La Carroza de los Dioses y los Dioses del Espacio, lo considero un astronauta, un paleocontacto. Las pruebas posteriores demostraron que era un maya puro. Más tarde, Maurice M. Cotterell, usando dos características, las esquinas cortadas de lápida, sobre puso los dibujos de la cenefa y el central obteniendo, según él, 208 nuevos mensajes. Una de las esquinas parte de una forma exacta, el símbolo representativo del planeta Venus.

 

Este mismo autor usando sus propias teorías, las 620 inscripciones en los tableros del Templo superior, Los calendarios mayas y Las Profecías mayas, desarrolló la profecía del final del Quinto Sol (de origen azteca y no maya) el sábado 21 de diciembre del 2012.”Entré a la misteriosa cámara con la extraña sensación de ser el primero que pisaba los escalones de la entrada en mil años. Traté de verla con los mismos ojos con que la vieron los sacerdotes de Palenque al dejar la cripta; quería borrar los siglos y escuchar la vibración de las últimas voces humanas: me esforzaba en comprender el mensaje que los antiguos mayas nos habían dejado inviolado. A través del impenetrable velo del tiempo, buscaba el imposible lazo de unión entre sus vidas y las nuestras”.
Así fue como describió su hallazgo Alberto Ruz Lhuillier, el científico francés que adoptó la nacionalidad mexicana en 1935 y fue el primer alumno en obtener el grado de arqueólogo que se concedió en la Escuela Nacional de Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 1945.
Ruz obtuvo fama mundial por los trabajos que realizó en el Templo de las Inscripciones, donde cumplió el sueño que anima a sus colegas: un gran hallazgo. A partir de entonces, definió su interés por la arqueología maya, encabezó diversos programas interdisciplinarios en las ciudades de Palenque, Chiapas y en Uxmal, Yucatán, entre otras.
Finalmente, al momento de su deceso en 1979, en reconocimiento a su labor y por decreto presidencial, las cenizas de quien nos abrió la puerta de la cripta de Pakal fueron depositadas a unos metros de quien fuera el mayor dignatario de la ciudad prehispánica de Palenque.

Quetzalcóatl (náhuatl: Quetzalcōātl, «Serpiente emplumada») es uno de los dioses de la cultura mesoamericana. Es considerado como el dios principal del panteón prehispánico. Entre otros, Alfredo López Austin considera precisamente a Quetzalcóatl la deidad principal a partir de la cual se generan los demás a partir del desdoblamiento. Pero algunos, como Miguel León-Portilla, consideran a Tezcatlipoca como el dios principal (ensayo Tezcatlipoca, dios principal) y otros consideran a los dioses que le dieron origen como los principales.

Quetzalcoatl

Historia

 

 

La serpiente emplumada en las grutas de Juxtlahuaca de la cultura olmeca.

 

Busto en piedra de Quetzalcóatl, abundantemente repetido en el templo de Teotihuacan.

El dios tiene varias etapas, primero como deidad olmeca, tolteca, maya como Kukulcán y más tarde en el grupo de los dioses aztecas. Es claro como la cultura tolteca tomó la figura de este dios de la tradición religiosa de Teotihuacan en donde se encuentra una pirámide dedicada a la serpiente emplumada que data del siglo II de nuestra era. Este dios sin embargo tiene una raíz histórica más antigua. Los estudios recientes demuestran que este personaje se relaciona con la Mitología olmeca y con su visión de la serpiente emplumada. El arte y la iconografía de los olmecas demuestran claramente la importancia de la deidad de la Serpiente Emplumada en las cronologías de Mesoamérica, así como en el arte olmeca. En las grutas de Juxtlahuaca hay una representación de una serpiente emplumada de estilo olmeca. Incluso, en lugares lejanos como la Laguna de Asososca, en Managua, Nicaragua se encuentran pinturas rupestres representativas de La Serpiente Emplumada.Hasta Tula hoy estado de Hidalgo Mexico.

El nombre de Quetzalcóatl se compone de dos palabras de origen náhuatl: quetzal, que es un ave de hermoso plumaje que habita la selva centroamericana, y cóatl, que significa “serpiente”.

Existe otra versión científica según la cual es posible que este dios tenga raíces Chichimecas. Sus influencias culturales abarcaron gran parte de Mesoamérica, incluyendo a las culturas maya, mixteca. Los mayas retomaron a Quetzalcóatl como Kukulkán o Gucumatz, aunque como se ha dicho antes es más conocida la versión de la cultura tolteca. Los aztecas incorporaron esta deidad a su llegada al valle de México.

Los aztecas relacionaban a Quetzalcóatl con Venus, que se puede observar como si fuera una estrella al lado del volcán Popocatépetl durante ocho meses al año, y desaparece otros tres meses; la profecía indica que esta estrella y los dos solsticios en donde se dice que Quetzalcóatl viene a la tierra dos veces al año a traer fertilidad y cosecha, sucederán hasta la segunda venida de Quetzalcóatl.

Una de las representaciones de esta deidad es la de un hombre barbado y blanco, por lo que durante la conquista de la Nueva España (Mesoamérica) los pueblos indígenas creyeron en un principio que Hernán Cortés era Quetzalcóatl.

A fin de propiciar la conversión de los nativos, los cronistas crearon el mito sincretista de que Quetzalcóatl era un apóstol cristiano (Santo Tomás).

En tiempos recientes las religiones de origen neotolteca hablan en sus tradiciones y leyendas urbanas del renacimiento de este personaje. Este concepto está basado en el Códice de Quetzalcóatl.

Quetzalcoatl es un dragón-deidad venerada en la cultura Azteca (México) en la era pre-colonial. Su nombre proviene de las palabras serpiente y ave, del lenguaje Nahuatl. Otra civilización que también veneró a Quetzalcoat fue la Maya.

La cultura Teotihuaca estaba dedicada a Tlaloc, dios del agua, mientras que Quetzalcoatl era la representación de la tierra y la fertilidad, y era subordinado de Tlaloc. Mientras que el culto evolucionó, igual se desarrolló la independencia entre ambas deidades.

Quetzalcoatl se mezcló con otros dioses y acquirió otros atributos con el tiempo. Algunas veces se lo asoció con Ehecatl, el dios del viento, que representa las fuerzas de la naturaleza. Quetzalcoatl también se convirtió en la representación de la lluvia, mientras que Tlaloc quedó como el dios de las aguas terrenales (entiéndase como el dios de los lagos y los rios). Eventualmente, Quetzalcoatl tomó el lugar de uno de los dioses de la creación.

La aparición en Mesoamérica y específicamente en el Anáhuac, de este personaje alto, rubio, blanco, barbado y de profunda cultura ha dado margen a la creación de varios mitos y leyendas que los antropólogos, científicos y exploradores extranjeros han entretejido de una maraña cada vez más difícil de desenredar. En la mitología Tlahuica, tan confusa como la Griega, se borda una historia con respecto a Quetzalcóatl, semejante a la del nacimiento del Rey Salomón, pues se dice en los antiguos códices que Quetzalcóatl fue hijo de una mujer virgen llamada Chimalma y del Rey-Dios Mixtocóatl, monarca de Tollán. Que avergonzada por haber dado a luz sin matrimonio, Chimalma puso en una cesta al niño y lo arrojó al río. (no se sabe a cual) y que unos ancianos lo criaron y educaron, habiendo llegado a ser un hombre sabio y culto que al regresar a Tollán, se hizo cargo del gobierno.

Por otra parte se dice que Quetzalcóatl fue un hombre rubio, blanco, alto, barbado y de grandes conocimientos científicos, que enseñó a los pobladores de lo que hoy es México, a labrar los metales, orfebrería, lapidaria, astrología etc. aunque jamás se llegó a saber su nacionalidad y su procedencia. Cuéntase que habiendo bebido el suave neutle (pulque) se emborrachó y cometió actos bochornosos después de lo cual decidió marcharse para siempre tomando el rumbo del Golfo de México o Mar de las Turquesas.

En un suicidio ceremonial al cual le acompañaban cuatro mancebos sus discípulos, se hundio para siempre, renacienco como la estrella de la Mañana y posteriormente adoptando el nombre de Quetzalcóatl, que quiere decir serpiente emplumada o serpiente de plumaje hermoso.

Los Mayas adoptaron a Quetzalcóatl como deidad pues hasta allá llevó sus conocimentos y su cultura pasmosa, colocándole el nombre de Kukulcan, que quiere decir lo mismo, serpiente emplumada o Votán ( que debe haber sido su nombre real) y recibieron de él las más sabias enseñanzas tanto religiosas como políticas y artísticas.

Se dice que los Toltecas, Nahoas y Mayas lo deificaron y colocaron su símbolo en todos los palacios, monumentos y templos de la zona Maya y Mesoamérica en donde aún puede verse, en recuerdo y veneración de este sabio, que según la tradición mayense, subió al panteón y se convirtió en la estrella Venus, que también es así identificado por los fantasiosos arqueólogos.

Ahora bien, cuando las huestes hispanas llegaron a las tierras veracruzanas al mando del capitán extremeño Hernán Cortés, y según nos cuentan en sus muy sabrosas crónicas Bernal Díaz del Castillo, se encontraron con una gran sorpresa que en esos días de codicias y rapiña desmedidas no le dieron la importancia que tenía y hoy aún, debe tener. Relata el soldado cronista que llegados a las costas de lo que sería La Nueva España, el Emperador Moctezuma envió unos tendiles llevando regalos, oro y joyas y muchos ricos presentes que lejos de hacer que Cortés volviera proa a la mar, lo tentó en ambiciones. Uno de estos tendiles al ver que uno de los soldados de Cortés tenía un casco de latón que brillaba al sol, pidió verlo, diciendo que hacía muchos, muchos años, habia llegado a la Gran Tenochitlán un hombre rubio, barbado y blanco, portando un casco semejante; que al marcharse se los había regalado y los sacerdotes lo colocaron en la cabeza del ídolo representativo del Dios Huitzilopochtli. Pidió que se le prestara el casco para cotejarlo con el que tenía puesto su Dios.

Y resultó que el casco dorado que tenía el Dios, era igual al del soldado hispano, sólo que tenia en ambos lados unos cornezuelos al estilo de los cascos vikingos.

Aquél tendil no solamente llevó ante Hernán Cortés el dicho casco dorado, sino también a un hombre blanco, alto, barbado, rubio que se parecía mucho al conquistador, diciendo que su nombre era Quintalbor, que de ninguna manera es nombre mexicano, maya o correspondiente a ninguno de los idiomas, que se hablaban en el Nuevo Mundo. Pero en lugar de examinar detenidamente el casco y si lo hicieron no fue consignada en ninguna de las cartas de relación, tomaron a chunga y relajo la presencia de aquel hombre barbado, rubio y blanco idéntico a don Hernán Cortés, al grado de parecer su hijo o su gemelo y desde ese momento lo llamaron Don Cortés.

Al llegar los conquistadores a la fabulosa Ciudad de Tenochtitlán, sacerdotes y principales hablaban de un hombre rubio y barbado semejante a ellos, que hacía muchos años había estado entre ellos y les había predicho que un día llegarían al país hombres barbados y con armas poderosas para esclavizar al señorío.

Moctezuma, que según nos cuenta la historia era un monarca medroso, pusilánime, creyó que con la llegada de Hernán Cortés y su puñado de rapaces se cumplía la profecía y casi dejó en manos del puñado de horca hispano, el destino de sus reino, de su imperio.

Ahora bien, es de suponerse que Quetzalcoatl no fue aquel misterioso hombre barbado, posiblemente nórdico, que dejó como recuerdo su casco de vikingo, ya que en ese entonces la Europa no poseía la cultura y los conocimientos numéricos y calendáricos que poseían los mayas y el mito y la leyenda se entretejen en una urdimbre impenetrable, se confunden debido a los estudios antropológicos y arqueológicos hechos en una mayoría por extranjeros.

Tal vez Tollán si tuvo un gobernante sabio y bueno al que llamaron Quetzalcoatl, hijo de Chimalma y el Rey-Dios Mixcoatl, pero también es muy posible que los sacerdotes y astrónomos de entonces, al observar los cielos en la forma en que lo hacían, hayan descubierto que el mundo, su mundo, formaba parte de la Vía Láctea, de esta enorme galaxia que hoy conocemos y de la cual formamos parte y a la cual daban por nombre Ixtacmixcoatl que quiere decir “Serpiente salpicada de piedras preciosas o luceros”, serpiente incrustada de diamantes. Y después de sus observaciones le hayan puesto Quetzalcoatl, serpiente de plumas hermosas y extendido su culto a los habitantes de Mesoamérica. De allí que en los portentosos edificios de esa antigüedad se hayan esculpido esos símbolos y reverenciado como deidad, pues a ningún hombre por sabio que haya sido, se le dio jamás el rango de Dios.

Por último y finalizando así la leyenda y el mito, al relato, y a las elucubraciones, es preciso asentar que según algunos arqueólogos, jamás existió la serpiente emplumada, que sería absurdo una mezcla o yuxtaposición con fines religiosos, de una ave preciosa y un reptil.

Lo que ocurrió y a esto puede y debe darse el mayor crédito, es que los hombres de aquella civilización tan avanzada, en su sublimación artística, esculpieron una serpiente con penacho, con garras de jaguar y crearon una figura monstruosa y bella a la vez, como el mítico dragón de los chinos en el cual quieren enredar al misterioso y barbaro rubio peregrino, que por lo menos, ya que su cultura debió haber sido casi completa, pudo haber dejado escrito su nombre y el de su país en alguno de los muros, frescos o bajorrelieves de templos y palacios.

Así volvemos a lo mismo. Quetzalcoatl hombre, Quetzaltcoalt Dios, amalgama absurda de las generaciones actuales. Incomprensión de lo misterioso de aquellos pueblos que han dado margen a una de las leyendas más difundidas en América y en el mundo.