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CAMARA SECRETA EN LA ESFINGE

Publicado: septiembre 19, 2012 en ARQUEOLOGIA, LOS EGIPCIOS
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Son pocos los indicios que nos hagan pensar que se encuentre hueca la esfinge pero hay algunos, como todas las referencias a tuneles que se han hecho durante toda la historia.La sospecha de que bajo la Esfinge exista algún tipo de túnel que la pueda vincular con la Gran Pirámide o con una supuesta biblioteca milenaria que pudiera estar bajo el león, es tan antigua como el propio monumento. Ya en el siglo X de nuestra Era, los cronistas árabes mencionaban la existencia de puertas secretas que daban acceso a interminables galerías que a su vez llevaban a grandes cámaras llenas de tesoros.Con ocasión de una conferencia pública, el Dr. John Kinnaman (l877-1961), arqueólogo bíblico de renombrada fama durante la primera mitad de nuestro siglo, afirmó que, habiendo ido a excavar a la meseta de Gizeh en 1924 junto con el prestigioso egiptólogo Sir Flinders Petrie, célebre por sus estudios sobre dicha meseta, ambos investigadores descubrieron de forma casual un túnel al sur de la Gran Pirámide.Según Kinnaman, quien durante su exposición narró una historia al estilo de las célebres novelas de Lobsang Rampa, existía un corredor

descendente que, sumergiéndose a gran profundidad, llegaba hasta una sala que albergaba un gran número de máquinas de extraño funcionamiento y, por supuesto, de origen desconocido. También mencionó la existencia de miles de prismas de cristal cuya función ignoraba, y una máquina antigravedad, entre otras muchas cosas que “usted no se creería”, según las palabras textuales que Kinnaman pronunció en la mencionada conferencia. Curiosa o sospechosamente, el arqueólogo no recordaba la ubicación exacta de este túnel tan singular, por lo que no ha vuelto a ser encontrado jamás.Pero sin duda alguna, el episodio más simpático de la época moderna fue el vivido por el príncipe Faruk, el hijo del rey Fuad de Egipto, quien en 1945, emulando la gesta de su heroico antepasado Tutmosis IV no tuvo otra ocurrencia que ir de noche en su jeep a visitar la Esfinge”para tocar algo y empujar una enorme losa abierta, que hacía de puerta”, según nos cuenta el propio Faruk. La narración del rey no tiene nada que envidiar a la anterior, pues tras aquella puerta encontró, en palabras textuales, “una gran habitación guardada por un autómata”.Desgraciadamente, Faruk no dice que‚ era aquello tan importante que merecía ser guardado por un autómata, y al igual que sucedió con Kinnaman, tampoco recordó el lugar exacto donde estaba dicha puerta.Sin embargo, haciendo bueno el refrán “cuando el río suena agua lleva”, todas estas historias aunque narradas, que duda cabe, de una forma extravagante por sus protagonistas, no hacen más que respaldar los estudios que se han realizado sobre el monumento en el que se han apreciado varias concavidades en diferentes partes de la estatua.De esta manera, se ha podido descubrir que, para asombro de muchos y espanto de otros, tanto la meseta de Gizeh como la propia Esfinge son un auténtico queso de agujeros. Y todavía no sabemos que secretos albergara el interior de este grandioso monumento y por que no, no sabemos si en el interior de esta se encuentra la biblioteca de aquella gran civilización perdida, una biblioteca que confirmara la existencia de la edad de oro, de la Atlántida. En conclusión no sabemos ni quien la construyó, ni porque, ni para que y sobre todo ni cuando solo sabemos que es un león con cabeza humana dispuesta ha hablarnos, solo hay que escucharla con atención y con paciencia para poder conocer su lengua, mientras tanto solo podremos estar con barajando preciosas hipótesis sobre su interior.

 

¿Qué‚ es lo que esconden estas cavidades? ¿Contienen los archivos de antiquísimas civilizaciones que relacionan la mítica Atlántida con Egipto tal y como pronosticó el vidente norteamericano Edgar Cayce? ¿A qué‚ se debe la reticencia del gobierno egipcio a investigar este tipo de descubrimientos?

 

En un mes de febrero de 1923, el día 16, el egiptólogo Howard Carter encontró la tumba de Tuntankamón. Esta es la mejor conservada de todas las que han aparecido en Egipto.Carter descubrió la existencia de un faraón de la dinastía XVIII del que hasta el momento no se sabía nada. Convencido de que ésta se encontraba intacta en el Valle de los Reyes se propuso encontrarla y para ello contó con la financiación de Lord Carnarvon.
  • La tumba de Tutankamón se encontraba en las profundidades de un pasadizo al que conducían varios escalones de piedra. Howard Carter, acompañado de Lord Carnarvon, bajó los escalones y encontró una puerta de granito llena de inscripciones en forma de jeroglíflicos.
    El arqueólogo describió lo que vio después como algo que “estaba fuera del ámbito terrestre”, como algo que “sencillamente no tenía precio para ser evaluado”. Piedras preciosas, muebles de oro, vasos de excelentes materiales e incluso un trono real.
  • De todo lo encontrado, lo más valioso y misterioso era el inmenso ataúd de granito que apareció al fondo del pasadizo secreto. Dentro de este ataúd había otro tres más pequeños. Estaban hechos con madera e incrustaciones de oro y piedras preciosas. El último de los ataúdes contenía y protegía los restos del faraón momificado, que murió aún siendo adolescente.
  • Antes de que Howard Carter descubriera la tumba del faraón, los ladrones ya habían entrado en ella. Los sellos de las puertas estaban abiertos y habían sido misteriosamente repuestos. Sin embargo, el cuerpo momificado del faraón no había sufrido ningún tipo de alteración. Fue el arqueólogo inglés el primero que se atrevió a indagar en la figura del faraón
A partir de ese momento comenzó a hablarse de la maldición de la tumba de Tutankamón.